Entre todas las imágenes hubo una que convirtió la visita en algo personal. Era un retrato de Natalia Vodianova que había encontrado muchas veces antes, en exposiciones colectivas, galerías y también en Paris Photo. Verlo de nuevo en A Coruña produjo una emoción especial: la de reconocer algo muy familiar dentro de un contexto nuevo.
Natalia aparece muy joven, girada hacia la cámara, con el cabello alrededor del rostro y una mirada que sostiene toda la fotografía. La fuerza nace de la cercanía. Parece consciente del objetivo y, al mismo tiempo, completamente sola ante él. Haber visto esa imagen tantas veces no la había cerrado. Frente a ella volvió a ocurrir algo.
Muy cerca, otro primer plano mostraba a una Kate Moss también muy joven. En ambos retratos sentí que la distancia habitual entre la modelo y quien observa desaparecía. La escala y la intensidad de los ojos hacían que el espectador quedara dentro de la fotografía. La cámara se acerca, pero no invade.
Quizá ahí se entienda mejor el título de la muestra. La duda no es falta de decisión, sino una forma de dejar espacio. Roversi permite que el gesto controlado conviva con algo imprevisto; acepta el movimiento, la sombra y el borde incierto. No utiliza la técnica para eliminar todo lo que se escapa.