Donde la fotografía de moda encontró por fin su lugar

Descubrir Paris Photo fue, para mí, mucho más que descubrir una feria. Fue encontrar un lugar real para algo que llevaba años defendiendo casi en silencio. Yo venía de una etapa de búsqueda muy intensa alrededor de la fotografía de moda, de estudiar fotógrafos, editoriales, campañas, libros y exposiciones con una obsesión bastante solitaria. En España, al menos en aquellos años, esa fotografía rara vez era tratada como arte. Se admiraba su belleza, su potencia visual o su dimensión comercial, pero pocas veces se le concedía el lugar simbólico que yo sentía que merecía.

Por eso llegar a Paris Photo tuvo algo de revelación. De pronto, aquello que yo intuía estaba allí, delante de mí, sin necesidad de explicaciones. Fotografías que habían nacido en revistas, campañas o universos editoriales aparecían enmarcadas, seriadas, cuidadas, ofrecidas como obra. Y no de forma anecdótica, sino con una naturalidad rotunda, dentro de una feria nacida en 1997 y convertida con los años en una de las grandes citas internacionales dedicadas a la fotografía.

"Pasillos interminables para una intuición antigua"

Creo que empecé a ir entre 2012 y 2013, y repetí varias ediciones después. Algunos viajes los hice completamente solo. Cogía un avión entre semana, llegaba a París y me regalaba dos, tres o cuatro días de una concentración absoluta: feria, galerías, paseos, librerías, cafés, más feria. Había algo muy hermoso en esa soledad elegida. Después de pasar horas mirando obra, salir a caminar por París tenía casi el mismo valor que estar dentro. La ciudad prolongaba el estado interior al que te había llevado la feria.

Lo que me impresionaba no era solo la calidad, sino la escala. No era una exposición concreta de un fotógrafo al que admirabas. Eran pasillos y pasillos y pasillos donde convivían nombres míticos, registros distintos, épocas distintas, sensibilidades distintas. Ahí estaban las imágenes que yo había perseguido durante años en libros y revistas: Peter Lindbergh, Annie Leibovitz, Mario Testino, Helmut Newton, Nick Knight, Paolo Roversi, Ellen von Unwerth, Mondino. No como referencias abstractas, sino como piezas físicas, medidas, editadas, con precios, con presencia, con peso. Paris Photo comenzó en el Carrousel du Louvre y después pasó al Grand Palais, un movimiento que ayudó a consolidar todavía más su dimensión internacional.

Para mí aquello confirmaba algo esencial: la fotografía de moda podía ocupar un espacio legítimo dentro del arte y del coleccionismo. Esa certeza venía gestándose desde mucho antes, en los años en los que viajaba a Berlín para ver Camera Work o el universo Helmut Newton, o a Londres para entrar en exposiciones que en España parecían impensables. Camera Work, fundada en 1997, se convirtió en una de las galerías europeas de referencia en fotografía, y la exposición Story Teller de Tim Walker en Somerset House, celebrada entre 2012 y 2013, era otra prueba de que fuera de aquí ese diálogo entre moda, imagen y arte estaba vivo y reconocido.

Mirando hacia atrás, todo parece bastante claro. Aquellos años de estudio obsesivo, los viajes, las ferias, las exposiciones, las librerías, incluso la frustración de no poder comprar casi nada, fueron uniendo los puntos. Toda esa investigación autodidacta no solo alimentó mi mirada, sino que más tarde me sirvió para impartir yo mismo clases de Comunicación y Fotografía a alumnas de tercero de moda en ESNE, entonces centro adscrito a la Universidad Camilo José Cela. Yo no venía de una formación académica en ese lugar: llegué allí con un recorrido propio, construido a base de curiosidad, búsqueda y años de inmersión personal en la imagen. No podía llevarme aquellas obras, pero siempre encontraba otra forma de acercarme a ellas: un catálogo, un cartel, un libro. Así creció mi colección. Y también una manera de mirar que, con el tiempo, acabaría empujándome a convertir una galería en Gijón en una fotogalería y a organizar exposiciones desde esa misma convicción.

"Lo que París dejó después"

De aquellos viajes no salió solo inspiración. Salieron decisiones. Salió criterio. Salió una parte importante de mi educación sentimental y visual. Incluso años después, cuando organicé en Gijón una exposición de fotografía de moda de gran formato con Chiko Vialas, sentí que había una línea directa entre aquella fascinación primera y esa voluntad de traer a mi mundo algo de lo que había visto fuera.

Eso es, en el fondo, lo que hizo Paris Photo conmigo. No me dio únicamente imágenes memorables. Me dio permiso. Me hizo sentir que aquella intuición que llevaba años sosteniendo era válida, que no era una rareza privada ni una obsesión menor. Era una forma de mirar. Y, a veces, encontrar un lugar donde tu mirada ya existe antes de que tú llegues también es una forma de destino.