TASCHEN en Beverly Hills, donde el libro también podía ser un edificio

Llegar a aquella zona de Beverly Hills fue entrar en una fantasía muy concreta. No tanto por el lujo en sí, que nunca me ha interesado de manera superficial, sino por la escala de las cosas, por esa sucesión de edificios casi autónomos, pequeñas arquitecturas monomarca donde cada firma parecía habitar su propio mundo. Rodeo Drive tiene precisamente esa condición: no funciona solo como calle comercial, sino como un escaparate de espacios concebidos casi como piezas de autor.

En aquel viaje yo estaba en Los Ángeles haciendo una campaña de moda, y venía además de un momento muy importante para mí, porque acababa de materializar en Gijón el primer piloto de The Collector. Por eso, al llegar a TASCHEN en Beverly Hills, en su tienda de North Beverly Drive, sentí algo más que admiración. Sentí una especie de confirmación íntima. Allí estaban reunidos, a otra escala, muchos de los códigos que yo también soñaba: libro, arte, objeto, imagen, espacio y deseo conviviendo dentro de una misma experiencia. La tienda está en el 354 de North Beverly Drive, muy cerca del universo inmediato de Rodeo Drive.

"Un lugar donde la edición se vuelve presencia"

Mi relación con TASCHEN venía de mucho antes de ese día. Venía de años de mirar sus libros como quien mira un territorio posible. De comprarlos, coleccionarlos, estudiarlos. De entender que allí no solo había publicaciones, sino una manera de dignificar la fotografía, el arte y la cultura visual con una ambición poco frecuente. Y también, en mi caso, de haber trabajado sus títulos en España dentro del universo de The Collector, incorporándolos como parte natural de una forma de vivir y compartir la belleza.

Por eso aquella visita tuvo algo especial. No fue simplemente entrar en una tienda bonita. Fue ver cómo un proyecto editorial podía convertirse en espacio físico sin perder intensidad. Las imágenes enmarcadas, las art editions, los lomos perfectamente elegidos, la madera oscura, la iluminación precisa, la sensación de gabinete contemporáneo más que de librería convencional. Todo estaba colocado de una manera que no imponía, pero sí marcaba una dirección. No se trataba de vender libros sin más. Se trataba de construir atmósfera.

Y eso fue probablemente lo que más me impresionó. Que el lugar no celebraba solo el objeto, sino el criterio. En una zona mundialmente asociada a las grandes casas de moda, hoteles y restaurantes de alto nivel, TASCHEN lograba sostener un lenguaje propio, igual de sofisticado, pero desde la cultura visual y la edición. Rodeo Drive y su entorno han hecho de la arquitectura de boutique y de la experiencia de marca parte de su identidad, y precisamente por eso encontrar allí una casa para los libros tenía algo profundamente inspirador.

Aquel día lo disfruté muchísimo porque se juntó todo: Los Ángeles, la campaña, mis referencias vitales, el deseo de construir lugares con alma y esa intuición de que The Collector no era una rareza privada, sino una sensibilidad que también existía en otros lugares del mundo, desplegada con convicción y belleza. TASCHEN, en aquel rincón de Beverly Hills, no me pareció solo una librería. Me pareció una prueba.

"Soñar un espacio propio"

A veces no hace falta vivir algo durante horas para que se quede contigo. Basta una visita breve, en el momento exacto, para que un lugar se convierta en espejo. Eso me ocurrió allí.

Recuerdo TASCHEN en Beverly Hills como uno de esos espacios que no solo se recorren: también se proyectan hacia dentro. Mientras miraba libros, fotografías y ediciones imposibles, también me imaginaba otros futuros. Un The Collector en una calle así. Un edificio propio. Una manera de habitar la cultura sin pedir permiso. Y quizás por eso el recuerdo sigue siendo tan bonito: porque no fue solo una visita, sino una visión.