Quizá eso es lo que siempre me ha interesado de TASCHEN por encima de todo: no solo su catálogo, sino su manera de presentar la cultura visual como algo accesible y, al mismo tiempo, profundamente deseable. La editorial nació en 1980 de la mano de Benedikt Taschen y con el tiempo se convirtió en una referencia internacional, capaz de moverse entre publicaciones asequibles y ediciones de coleccionista de enorme ambición, como el ya legendario SUMO de Helmut Newton.
Mi relación con ellos tuvo durante años algo muy natural. Recuerdo cuando contacté con el equipo de España y me invitaron al showroom que tenían en Madrid, entonces un lugar más reservado, más pensado para distribuidores y compradores. Allí empecé a trabajar con libros de Peter Lindbergh, Annie Leibovitz, Helmut Newton, Ellen von Unwerth, Mert Alas y Marcus Piggott, entre otros nombres que han sido referentes constantes en mi mirada. Vendí varias piezas importantes, pedí maquetas para eventos y fui incorporando algunos títulos a mi propia colección. Más tarde, con el piloto de The Collector en Gijón, esa relación se volvió más estable y más clara: ellos como una gran casa editorial; yo como alguien que no quería vender libros sin más, sino crear alrededor de ellos una pequeña liturgia. Esa conexión, además, no pertenece solo al pasado. Sigue presente hoy en The Collector, donde conviven títulos de TASCHEN, desde ediciones más accesibles hasta piezas de coleccionista y Art Editions que continúan formando parte de nuestro universo.
La tienda actual de Madrid mantiene muy bien ese espíritu. En Barquillo hay algo entre galería, librería y gabinete visual, con una intervención contemporánea que no borra la memoria del lugar. Y quizá por eso sigue resultándome tan atractiva: porque conserva esa capacidad de exponer los libros no solo como contenido, sino como presencia.