TASCHEN Madrid, o la forma perfecta de convertir los libros en destino

Hay lugares a los que uno no entra solo para mirar. Entra para recordar quién ha sido cuando ha admirado algo de verdad. TASCHEN Madrid me produce exactamente eso. No es una visita aislada ni una simple parada en Barquillo. Es una estación más dentro de una relación larga con un proyecto editorial que me ha acompañado durante años, mucho antes incluso de que The Collector existiera como nombre, como espacio o como forma.

He pasado por distintos universos TASCHEN en ciudades como Los Ángeles, París, Nueva York o Berlín, siempre atraído por la misma mezcla: libros que no son solo libros, sino objetos; fotografía convertida en archivo; artistas y autores que forman parte de mi propia educación visual. Con el tiempo, esa admiración se convirtió también en relación profesional. Primero desde Mediaadvanced, después desde The Collector, comprando ediciones, trabajando con ellos, acercando sus títulos a mi espacio y a personas que también entendían que ciertos libros no se compran solo para leerlos, sino para convivir con ellos.

"Un proyecto editorial que también sabe construir atmósfera"

Quizá eso es lo que siempre me ha interesado de TASCHEN por encima de todo: no solo su catálogo, sino su manera de presentar la cultura visual como algo accesible y, al mismo tiempo, profundamente deseable. La editorial nació en 1980 de la mano de Benedikt Taschen y con el tiempo se convirtió en una referencia internacional, capaz de moverse entre publicaciones asequibles y ediciones de coleccionista de enorme ambición, como el ya legendario SUMO de Helmut Newton.

Mi relación con ellos tuvo durante años algo muy natural. Recuerdo cuando contacté con el equipo de España y me invitaron al showroom que tenían en Madrid, entonces un lugar más reservado, más pensado para distribuidores y compradores. Allí empecé a trabajar con libros de Peter Lindbergh, Annie Leibovitz, Helmut Newton, Ellen von Unwerth, Mert Alas y Marcus Piggott, entre otros nombres que han sido referentes constantes en mi mirada. Vendí varias piezas importantes, pedí maquetas para eventos y fui incorporando algunos títulos a mi propia colección. Más tarde, con el piloto de The Collector en Gijón, esa relación se volvió más estable y más clara: ellos como una gran casa editorial; yo como alguien que no quería vender libros sin más, sino crear alrededor de ellos una pequeña liturgia. Esa conexión, además, no pertenece solo al pasado. Sigue presente hoy en The Collector, donde conviven títulos de TASCHEN, desde ediciones más accesibles hasta piezas de coleccionista y Art Editions que continúan formando parte de nuestro universo.

La tienda actual de Madrid mantiene muy bien ese espíritu. En Barquillo hay algo entre galería, librería y gabinete visual, con una intervención contemporánea que no borra la memoria del lugar. Y quizá por eso sigue resultándome tan atractiva: porque conserva esa capacidad de exponer los libros no solo como contenido, sino como presencia.

"Volver a mirar"

En esta última visita me hizo sonreír encontrar aquellas filas de libros de Peter Lindbergh, tan reconocibles para mí, tan unidas a una etapa concreta de mi vida profesional y también personal. He tenido muchas de esas copias en las manos. Las he comprado, vendido, colocado en mesas, llevado a eventos, mirado con calma. Volver a verlas allí, alineadas otra vez, fue casi una pequeña escena de continuidad.

Tal vez por eso sigo entrando en TASCHEN Madrid cada vez que paso por la ciudad. A veces no necesito comprar nada. Me basta con mirar, oler el papel, descubrir una novedad, comprobar que ciertos mundos siguen ahí. Algunos proyectos no solo te inspiran: te acompañan. Y cuando eso ocurre, una tienda deja de ser una tienda. Se convierte en una forma de volver, y también de seguir.