Recuerdo que aquella primera vez me encontré con fotografías que pertenecían de lleno al imaginario visual que me ha acompañado durante años. Peter Lindbergh, Patrick Demarchelier y otros nombres que forman parte de la historia de la moda, de la fotografía y de mi propia educación visual. La Galerie de l’Instant ha construido precisamente ese territorio: una galería dedicada a la fotografía, fundada por Julia Gragnon, donde conviven grandes nombres, exposiciones temporales y un fondo que va del retrato, la música y el cine a la moda y la cultura visual. Según su propia presentación y otras referencias sobre el proyecto, la galería programa exposiciones con regularidad y ha mostrado obras de fotógrafos como Bruce Weber, Milton H. Greene, Jean-Pierre Laffont o Patrick Demarchelier.
Pero lo que se queda en mí no es la lista de autores. Es otra cosa. Es la cercanía física con las imágenes, la sensación de que allí la fotografía todavía conserva cuerpo, peso, presencia. Marcos apoyados, obras descolocadas con elegancia, libros, carteles, copias que parecen esperar una nueva pared. Todo transmite una relación menos museística y más humana con la obra. CEl arte estaba allí a una distancia doméstica, preparado para entrar en la vida de alguien.
He vuelto en varias ocasiones. La Galerie de l’Instant confirma una intuición que sigo aplicando: un espacio pequeño, honesto y con criterio puede resultar más intenso que un proyecto grandioso. Una habitación llena de fotografías y algunos libros bastan cuando la selección es buena.