Mert & Marcus en PHILLIPS París, cuando la moda entraba en la sala

Durante años, ir a Paris Photo nunca fue solo ir a una feria. Era también la excusa perfecta para caminar París con tiempo, entrar en galerías, buscar exposiciones y seguir ampliando ese mapa personal en el que la fotografía de moda empezaba a ocupar, para mí, un lugar cada vez más serio, más coleccionable, más cercano al arte que al simple encargo editorial.

En uno de esos viajes entré en PHILLIPS París para ver Mert & Marcus: Works 2001–2014. La exposición llegaba a la sede parisina de la casa tras su paso por Londres y coincidía con Paris Photo, algo que convertía la visita en un gesto casi natural dentro de aquellos días de inmersión absoluta. La recuerdo como una de esas experiencias que se quedan fijadas no por el ruido, sino por la calidad de todo: el espacio, la escala de las copias, la limpieza del montaje, la gráfica, la sensación de estar ante una versión muy precisa y muy lujosa de la imagen contemporánea.

"Cuando el artificio también tiene verdad"

Yo seguía desde hacía tiempo el trabajo de Mert Alas y Marcus Piggott. Me interesaba esa mezcla tan suya de sensualidad, artificio, tensión y perfección técnica. No fotografiaban solo moda; construían un universo. Uno donde el glamour dejaba de ser superficial para convertirse en lenguaje, en atmósfera, en una forma muy concreta de ficción visual. Su trayectoria ya venía marcada por cabeceras como Vogue, Interview, Vanity Fair o W, y por campañas para Dior, Versace o Yves Saint Laurent, pero ver aquellas imágenes reunidas en sala tenía otra densidad. La muestra celebraba los veinte años de colaboración del dúo y reunía dieciocho obras, nueve en blanco y negro y nueve en color, puestas a la venta por primera vez. Ese dato, en sí mismo, ya decía mucho de un momento cultural: la fotografía de moda, durante mucho tiempo admirada desde fuera del mercado del arte, reclamaba aquí su lugar con total naturalidad. No como apéndice, ni como género menor, sino como obra.

Lo que más me impresionó entonces fue reconocer muchas de aquellas imágenes que ya formaban parte de mi imaginario. Algunas de Kate Moss, otras de Lara Stone, otras que llevaba años viendo reproducidas en revistas, campañas o libros. Pero una cosa es conocer una imagen y otra muy distinta encontrártela delante, bien producida, bien enmarcada, respirando en un espacio como aquel. Ahí entendí aún más su potencia. Las copias grandes, el silencio del montaje y la sofisticación de PHILLIPS no embellecían las fotografías: simplemente les daban el lugar que merecían.

Con el tiempo, esa impresión no se ha borrado. Al contrario. Algunas de aquellas obras han seguido conmigo de otras maneras, también a través de los libros de Taschen dedicados al dúo, publicados en edición limitada y concebidos como objetos de colección. Quizá por eso esta exposición sigue ocupando un lugar tan nítido en mi memoria: porque resumía muy bien una época de mi vida en la que mirar era también una forma de construir criterio. Y porque en Mert & Marcus siempre encontré algo que sigo valorando hoy: una imagen capaz de ser excesiva y exacta al mismo tiempo.

"París, siempre otra vez"

París tiene esa capacidad de convertir una visita en una escena. Y en aquellos años, cuando viajaba solo para ver ferias, exposiciones y galerías, todo parecía encajar de forma casi perfecta: Paris Photo, los paseos, los descubrimientos y, de vez en cuando, un lugar como PHILLIPS, donde la fotografía de moda aparecía enmarcada con la seriedad y la elegancia con la que yo siempre había querido mirarla.

No he vuelto a ese espacio. Pero no me hace falta. Se ha quedado donde se quedan las buenas exposiciones: no en la agenda ni en el archivo, sino en la mirada.