Una noche con Demarchelier en París

París siempre tiene esa forma de tensar la piel y afinar la mirada. Aquel viaje estaba lleno de lo de siempre: caminar mucho, entrar y salir de lugares que inspiran, mirar tiendas, producir imágenes, dejar que la ciudad hiciera su trabajo silencioso. No tenía prevista ninguna exposición, pero apareció una señal inesperada: un aviso en Instagram anunciando la inauguración de Remembering, la muestra que A.Galerie dedicó a Patrick Demarchelier del 1 de marzo al 8 de abril de 2023.

Fui solo. Claudia y el resto prefirieron quedarse en el piso, y yo crucé París a pie hasta llegar a la galería, en la rue Léonce Reynaud, muy cerca del Musée Yves Saint Laurent Paris, que ocupa el número 5 de la avenue Marceau y tiene también acceso por esa misma calle.  No sabía muy bien qué me iba a encontrar. Nunca había estado en una inauguración así, con ese nivel, esa mezcla de expectativa, elegancia y cierta extrañeza que solo existe cuando uno entra solo en un mundo que admira desde fuera.

"Entrar sin pertenecer del todo"

Quizá por eso lo recuerdo con tanta claridad. Mostrar aquella invitación en la entrada, que me dejaran pasar, y de pronto verme dentro de una sala llena de gente, vino en las copas y fotografías que formaban parte de una memoria visual muy reconocible para mí, tuvo algo de pequeño acceso secreto. La exposición reunía 27 fotografías inéditas de algunas de las grandes modelos de los noventa, y en las paredes aparecía esa belleza limpia, sensual y directa con la que Demarchelier ayudó a definir una parte esencial del imaginario de la moda.

Recorrí la muestra despacio, con mucha atención, deteniéndome en imágenes que sentía cercanas no porque fueran mías, sino porque habían acompañado durante años mi educación visual. Estaban allí, enmarcadas, silenciosas, con toda la autoridad de lo que ya pertenece a una historia mayor. También estaba ese otro lado inevitable: los precios, completamente fuera del alcance de un coleccionista como yo, pero aun así fascinantes como parte del ritual. En una inauguración así no solo se miran obras; se mira también el ecosistema que las rodea, el tipo de público, la energía, los códigos. Y en medio de todo eso, encontrarme con alguien como Cecilia Bönström terminó de confirmar que aquella noche no era una visita más, sino una de esas escenas parisinas que uno guarda completas, con su luz, su temperatura y su ritmo.

No fue una experiencia transformadora ni necesitaba serlo. Fue algo más preciso: una recarga. Un momento de inspiración serena en mitad del viaje, una forma de volver a recordar por qué ciertas imágenes permanecen, por qué ciertos fotógrafos siguen abriendo puertas mucho después de haber hecho su trabajo.

"La noche también deja huella"

Al salir, París seguía ahí, intacto, con esa elegancia nocturna que convierte una caminata cualquiera en una prolongación natural de lo que acabas de ver. Me gustó pensar que aquella exposición no había llegado por planificación, sino por intuición, casi por azar.

Y quizá ahí estuvo también su valor. No en la solemnidad del evento, sino en la ilusión muy concreta de haber entrado, aunque solo fuera por un rato, en una escena que hasta entonces había observado desde lejos. A veces una noche basta para recordarte que la inspiración no siempre se busca: a veces simplemente te deja pasar.