Una noche en Fotografiska con Andy Warhol en el corazón de Nueva York

Conocí Fotografiska primero a través de imágenes y después en persona. Llevaba tiempo siguiéndolo por su manera contemporánea de entender la fotografía como una experiencia completa: edificio, librería, espacios de encuentro y programación cultural alrededor de las exposiciones. Fotografiska New York abrió en 2019 en el número 281 de Park Avenue South, en un edificio histórico de finales del siglo XIX que ya, por sí solo, justifica la visita.

En mi primer viaje a Nueva York, tan esperado durante años, estaba claro que tenía que entrar en esa lista de lugares esenciales. Y al llegar de noche volvió a ocurrir lo de siempre: la realidad superó a las fotografías. La fachada iluminada, la presencia del edificio en la esquina, la mezcla de fuerza y sofisticación, todo tenía esa intensidad tan neoyorquina que no necesita subrayarse. En una ciudad hecha para impresionar, Fotografiska conseguía algo todavía más difícil: tener personalidad.

Warhol en el lugar adecuado

La visita, además, tenía una coincidencia perfecta. Dentro me esperaba Andy Warhol. La muestra abordaba el territorio de Warhol que más me interesa: su relación con la fotografía, el retrato y la serie, y su capacidad de convertir la imagen en documento, personaje, objeto y mito. La exposición Andy Warhol: Photo Factory se presentó en Fotografiska New York entre septiembre de 2021 y febrero de 2022 y reunía más de 120 imágenes, entre Polaroids, foto-tiras, gelatin silver prints y stitched photographs, planteadas como una entrada directa en su universo visual y en la órbita de The Factory.

Yo había llegado a Warhol muchos años antes, en aquella etapa de investigación intensa en la que empecé a construir mi colección y a absorber todo lo que encontraba sobre ciertos artistas, ciertos espacios y ciertas formas de mirar. En Warhol me interesaban la obra y el sistema. Me fascinaban The Factory, la gente que orbitaba a su alrededor, la dimensión cultural y social del lugar y su capacidad para convertir el retrato en lenguaje. Su método y su forma de producir presencia me inspiraban.

La exposición me interesó por una afinidad visual y mental muy clara, más que por una emoción sentimental. Sus Polaroids, en apariencia directas y simples, seguían conteniendo una manera de mirar muy poderosa. Y yo conectaba eso con mis propios proyectos fotográficos, con esa pulsión de retratar personas, de construir series, de buscar en el rostro algo más que una imagen bonita. Allí, en medio de Nueva York, dentro de un edificio que ya de por sí parecía una declaración de principios, Warhol volvía a recordarme que a veces una estética también es una estructura de pensamiento.

Una referencia que permanece

De aquella visita quedó el recuerdo de una exposición sólida dentro de un proyecto cultural total, capaz de integrar arquitectura, programación, identidad y experiencia. El edificio de Park Avenue South, conocido históricamente como Church Missions House y construido entre 1892 y 1894, tenía esa mezcla de carácter y singularidad que siempre me ha atraído. Fotografiska se convirtió en referencia por lo que mostraba y por la manera de hacerlo.

La etapa de Fotografiska en ese edificio terminó en 2024, después de cinco años de actividad en Nueva York. Pero en mi memoria seguirá unido a aquella noche exacta, a esa combinación tan rara y tan precisa entre ciudad, edificio, artista y momento. Desde entonces, aquella visita forma parte de los proyectos culturales que uso como referencia.