En Saint Laurent Babylone, la imagen también aprende a guardar silencio

Hay lugares que no se visitan: se recorren como quien entra en una idea. Saint Laurent Babylone fue así para mí. No como una tienda más en París, ni siquiera como una prolongación natural de una firma que admiro, sino como la materialización física de algo que llevaba tiempo observando a distancia: la manera en que Anthony Vaccarello ha ido expandiendo Saint Laurent más allá de la moda, hacia un territorio donde conviven arte, edición, fotografía, cine y culto visual. Desde 2016, cuando fue nombrado director creativo de la casa, su trabajo ha reforzado esa dimensión autoral con una modernidad rigurosa y muy cinematográfica.

Yo llegué a Saint Laurent primero por la imagen. En los años de Hedi Slimane me atrapaban aquellas fotografías en blanco y negro, esa tensión seca, nocturna, casi musical. Después vino otra mirada: la de Vaccarello, más total, más precisa, más ambiciosa en su diálogo con la cultura. Y Babylone, en el corazón de la rive gauche parisina, es seguramente una de sus formas más claras: un espacio concebido como destino cultural y librería, comisariado por él mismo, en el que todo parece colocado con una exactitud casi litúrgica.

"Una galería donde la marca respira"

Lo primero que me impresionó no fue un objeto concreto, sino la sensación de orden. Ese tipo de orden que no enfría, sino que afina. El mármol, el hormigón, el vidrio, la luz blanca suspendida sobre las mesas, los vinilos, los libros, las fotografías en gran formato. Nada estaba desbordado. Nada quería demostrar demasiado. Incluso el lujo parecía contenido, educado, sostenido por una idea clara de proporción. En otros espacios culturales que también me fascinan hay algo más descolocado, más impulsivo, más libre en apariencia. Aquí no. Aquí todo responde a una disciplina visual que, precisamente por eso, resulta tan seductora.

Me gustó sentir que Saint Laurent no utiliza el arte como decorado, sino como lenguaje. Babylone no es solo un escaparate refinado: es un lugar donde la firma convierte sus afinidades en programa. Exposiciones, ediciones especiales, firmas de libros y encuentros han ido construyendo allí una agenda que mezcla artistas, fotógrafos y figuras muy cercanas al universo de la casa. En 2024, por ejemplo, el espacio acogió firmas y presentaciones con nombres como Linda Evangelista, Kate Moss junto a Mario Sorrenti o Zoë Kravitz, además de distintas exposiciones y lanzamientos editoriales.

Quizá por eso la visita me interesó tanto. Porque no sentí que estaba frente a una tienda excepcional, sino dentro de una declaración de intenciones. Una marca de lujo contemporánea que decide cuidar también su biblioteca, su calendario cultural, su relación con la fotografía y hasta su vínculo con el cine a través de Saint Laurent Productions.

Y eso, visto de cerca, inspira. No solo por la belleza del espacio, sino por la coherencia. Por comprobar que una casa puede construir deseo no solo a través de las prendas, sino también a través del criterio. En Babylone, Saint Laurent no vende únicamente objetos. Edita una mirada.